Mujeres, Ministras de la Vida
Queridos hermanos, el Evangelio de hoy nos regala un precioso pasaje donde nos posiciona en el recordar, en el pensar y en mucho meditar; de la importancia de las mujeres en nuestro peregrinaje de esperanza.
Desde el principio, la mujer ha sido elemento fundamental del plan de Dios, y cuando digo «principio», me posiciono en muchos principios, podemos hablar en este contexto de la creación (Génesis) y también dentro del contexto de los inicios de la Iglesia, que es en el que nos ubica el Evangelio de hoy.
En los relatos de la creación (Leer Génesis capítulo 1 y 2):
Dios crea al hombre a imagen y semejanza de Dios; Varón y mujer los creó.
Sin distincción, fueron creados el hombre y la mujer, y hoy, el Evangelio nos recuerda cómo Jesús también no encuentra distincción en las mujeres para su misión evangelizadora. Es un elemento muy importante e indispensable y este pensar me lleva a las siguientes conclusiones sobre lo grande e importante que es la mujer dentro de la misión de la Iglesia y lo trascendental que es una mujer cuando se deja moldear por el Espíritu.
La Oración
Podría comenzar a enumerar ejemplos donde la mujer ha orado y grandes cosas han pasado. Desde la insesante oración de Santa Mónica por la conversión de su hijo San Agustín, hasta el grupo de mujeres que ayudó a Santo Domingo de Guzmán a vencer la lucha contra las herejías. ¡Mujeres, no menosprecien el poder de sus oraciones!
La Maternidad
En estos tiempos, en nuestro siglo XXI, las ideologías han comenzado a sembrar el deseo de abstención de la maternidad, cuando es el regalo más grande que Dios ha dado a la mujer. Y es este el origen del título de esta meditación, porque las mujeres son de parte de Dios, ministras de la Vida, puesto que son las únicas capaces de traer consigo una Vida desde el primer instante y sin ser suficiente, amar, puesto que una hermosa consecuencia de este ministerio, es que lleva a experimentar el verdadero amor sin necesidad de recibirlo como gracia, sino de expandirlo sin limites.
Traer la Vida y dar el Amor, dos hermosos dones que Dios ha regalado por defecto a las mujeres y que el demonio ha querido arrebatar utilizando falsas doctrinas y formas de pensar. Pensemos en María, mis hermanas. María santifició su maternidad entregándolo todo y abandonándose a ese don precioso que la hizo elevar todas sus virtudes a la máxima expresión.
La Misión
Ninguna misión esclesiástica, ninguna comunidad, ninguna familia, no lo lograría sin las manos femeninas. Y esto ha sido demostrado y se sigue demostrando. Siendo madres o religiosas, las mujeres son importantes no solo por las incontables virtudes que ya traen en sí, sino porque viven la espiritualidad desde otra perspectiva, la cual invito a todas las mujeres que me estén leyendo hoy, a descubrir.
María
No hay Iglesia sin Mujer y Mujer sin Iglesia. María nuestra madre es la Mujer por excelencia, su Sí, trajo la Vida a nosotros, por eso somos sus hijos y ella nuestra Madre. Hoy, dos mil años después, sigue cumpliendo su rol de Madre e intercesora, y sabemos que su Oración, Maternidad y Misión, es la que hoy nos mueve a tener ese encuentro precioso con Dios, nuestro Señor, que vive, reina, hoy y siempre por todos los siglos de los siglos, Amén!
¡Dios los bendiga a todos!