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Vida Catòlica noviembre 17, 2025

¿Qué quieres que haga yo por ti?

¿Qué quieres que haga yo por ti? Esa es la pregunta que muchas veces Dios nos ha hecho cuando le aclamamos con desesperación en momentos de angustias, pero no lo vemos. No lo vemos o no lo escuchamos. ¿Por qué? Puede ser por diferentes razones, una de ellas es porque esperamos que Dios nos responda de una manera sobrenatural o inesperada. Muchas veces esperamos de Dios algo extraordinario, pero no, Dios no es complicado, más bien es sencillo.

Jesús sanó a aquel hombre de una ceguera que no le permitía ver y, de la misma manera, quiere sanarnos hoy a nosotros. Hoy muchos somos ciegos, hoy muchos podemos oír que un Jesús anda por nuestra parroquia. Oímos que un hermano es bendecido, es sanado; oímos que alguien ha recuperado su matrimonio o que una madre ha recuperado a su hijo del alcoholismo. Muchas son las cosas que oímos de un Dios que hace milagros, y nosotros queremos un milagro para nosotros también. Pero no podemos verle, estamos ciegos, quizás ha pasado en frente de nosotros, pero no podemos verle porque estamos sumergidos en un ruido que se puede llamar el mundo actual, nuestro afán en el trabajo, nuestros problemas, las falsas expectativas.

Jesús hoy se detiene y nos pregunta: ¿Qué quieres que haga yo por ti? Pidámosle al Señor que podamos ver. Pidamos que podamos lograr verle en las cosas sencillas, en las cosas cotidianas. En los problemas que tenemos. ¿Cuántas veces queremos comprensión, cuántas veces quisiéramos que nos entendieran? Dios nos entiende a nosotros, pero quiere que le veamos con los ojos de la fe, no con los ojos de la expectativa.

Pidámosle a Dios hoy: Aumenta nuestra fe, alimeta nuestra esperanza e inflama nuestra caridad, para que podamos verte y servirte con amor y vencernos a nosotros mismos, porque somos peregrinos que estamos de paso por aquí y todo, pero todo lo que nos está pasando hoy aquí, va a pasar, porque nos iremos pronto a nuestra patria.

Dios nos dé mucha fuerza y masedumre para poder seguirle, porque es duro seguirle, pero imposible no amarle.

Paz y Bien!
Amén

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